Domingo tranquilo…

Su Juguete XIX

Son mas de las 12 de la mañana y como ya es costumbre, mi dueña no dejó cereales en mi cuenco.

Se que tuvimos una noche difícil en aquel local. Recuerdos que me vienen mientras a gatas me asomo al salón. Allí esta Marina entre su libro y el Ipad. Pasa de mi presencia como acostumbra los días como hoy. Yo me acerco y llego hasta que un pie libre de sus hawaianas queda a la altura de mi hocico. Tiene sus lisas piernas cruzadas y solo un pie en el suelo calza una hawaiana de andar por casa. La otra se le había caído del pie en alto. Sus dedos se mueven al ritmos de sus pupilas cuando lee. Ese detalle hace años que lo conocía. Su empeine marca sus huesos y es allí donde descanso mis labios para saludar en silencio otra vez. Pero nada… Me ignora, y no da esa señal que tan bien he aprendido incluso en público.

Ayer en la fiesta lo hizo varias veces. Sabía que éramos el centro de atención y dábamos el espectáculo. Es mas, ya acostumbra hacer sus chasquidos con la boca en público mas que en casa. Y hoy no lo hace.

En la fiesta mi dueña eligió para mi una falda plisada color negra. No quizo que me pusiera unos pantalones cortos de cuero y ajustados que Minerva le ofreció antes de salir. Al final Marina quiere que en publico lleve faldas sueltas de fácil movilidad y acceso a su toque. Con la falda y nada debajo salvo el plug de cola canina y el aro plateado que rodea la base mis genitales, salimos al pub. Por desdicha mía supuso el reencuentro de viejos amigos. Se que llevamos tiempo así, y que no es un secreto ni siquiera para su familia. Pero aún me cuesta encontrarme a los viejos amigos varones de los cuales antes socializaba como un hombre libre. Sin embargo ayer iba tras mi dueña tirado de la correa con una camiseta negra con la palabra en blanco escrita.. “SLAVE”… Otro regalo de Minerva que al final Marina se decantó porque yo fuera mas al estilo del esclavo putita de Minerva que de los primeros regalos sobre la mesa con toda la temática canina.

Al entrar al local hubiera preferido ir gateando para esconder mi vergüenza entre las piernas de los ex-amigos. Pero llevado de la correa solo me permitió saludar a sus amigas mas intimas besando sus zapatos, y a estar arrodillado a sus pies solo cuando ella se sentaba en los taburetes o en los cómodos sillones del local. Las veces que me arrodillé a besar los zapatos de sus amigas trabajé mucho para evitar que la falda subiera mas de mis gluteos. Pero la cola fue el detonante para levantar la falda. Y quien sabe cuantos habrán visto mis testículos colgando bajo el aro pateado. El caso es que agradecía la oscuridad del local con tan solo tonos de luces rojas, y a veces verdes. Me encantaba el tono de la piel de Marina cuando el rojo se encendía. Pasé mucho tiempo con ella atado a la correa y de copas en copas intentando oír su conversación. Y nada, apenas podía oírlas… Una de la veces ella dejó el mango de la correa a Minerva para ir con un chico a hablar con mas intimidad. Yo la miraba de rodillas entre el cuero de los pantalones de Minerva. No la perdía de vista… Ella ría y flirteaba con uno en especial. Hasta que a Minerva se le antojó fumar y me sacó del local. La tuve que seguir en mis dos piernas hasta que se detuvo cerca del portero. Allí me arrodillé.

Minerva, que conoce las manías de su amiga, se miró las botas y… “Chisk chisk!” Chasqueo de su voz que tan familiar me fue. No lo dudé, a pesar de las risas de curiosos al vernos, me fui a lamer sus botas. Esto era terrible con mi falda. La cola levantaba mas los pliegues, y medio culo a la vista notaba el aire frío de la noche. Carmen, una amiga también intima de Marina, no dudó en apretar mis bolas. Algo bebida se dignó agacharse y levantar mas mi falda para enseñar a un tío que estaba con ella lo que soy y a lo que llegué a convertirme para Marina. Fue otro flash de recuerdo del cual aún me sonrojo.

Ahora que lo pienso, hoy aquí con Marina ignorando mis labios en su empeine, mientras mi hocico capta olores sobre ellos… Marina no me ha convertido… He sido yo que insistí ser esto. Yo le rogué. Como ahora que espero ese chisk chisk para obtener permiso para sacar mi lengua. Pero ella bien puede estar entretenida publicando las fotos de esa noche en su facebook, o bien viendo otras publicaciones, o quizás chateando con ese chico que tanto la ha ocupado para no llevarme mas de la correa en lo que que quedaba de la noche de ayer. Lo cierto que pasé de estar con ella, a compartir lado con el esclavo putita de Minerva, y a turnos llevado por Masha, y Maite.

Recuerdo que cuando cerró el local me tuvo de rodillas a su lado en la misma calle mientras ella y él se despedían. Marina terminó con la frase “mañana hablamos!”, y allí me derrumbé por su mirada hacia él. Sentía que iba a volver a los tiempos de su ex de cuando me sacaron del club de Minerva para vivir con ellos como pareja y yo su perro. Lo que duró unos meses conviviendo con los golpes de sexo de Marina y su ex. Y yo desplazado solo para divertir, limpiar, y alguna vez lamer su sexo. No me gustaría que volviera esos tiempos.

Previo antes de ir al pub, recuerdo escuchar una conversación que me sorprendió. En la misma fiesta, justamente terminando de ponerme el atuendo para salir en público, Marina le confesaba a Maite de entregar este apartamento y volver a vivir en casa de su tía. Yo estaba en ese momento de rodillas en su habitación mientras mi dueña se vestía para salir. Maite estaba con ella y quedó tan sorprendida como yo de la noticia.

Había estado muchas veces en casa de su tía. Alguna vez me ha dejado allí para limpiar su casa como con Maite. Y la verdad que no era muy agradable estar expuesto a otras visitas, o en algunos casos esconderme en un baúl del trastero para otras visitas que desconocen mi relación con Marina. Su tía vive sola, y cuando me tenía en su casa me enseñó a fregar sus suelos a gatas con tan solo un paño y un balde. Desde entonces lo hago en el apartamento de Marina casi a diario. Y hoy como siempre puedo ver los resultados. Totalmente me podría ver reflejado en ellos. Siempre desnudo y a gatas a veces resbalo cuando cambio de dirección.

Derepente Marina descruza sus piernas y busca una de sus hawaianas para calzarse de nuevo. Luego estira las piernas y hace ese sonido con la boca… “chick chick!”. Quiere que lama sólo las plantas de las hawaianas.

Pues si, no dudo en hacerlo. Sin palabras y con solo el sonido de los coches tras la ventana abierta, hago mi trabajo. Lamo la suela de esas zapatillas con las que marca mis nalgas cuando cometo errores. Siempre me ha pegado con ellas a pesar de que Minerva le había regalado una fusta. Sus hawaianas de andar por casa tiene muchas historias. Y recordando cada una de ellas he aprendido a ser mejor esclavo. Que con devoción se las lamo hasta quitar la última muesca de polvo y pelos. Ella me sigue ignorando a pesar que gimo a un volumen bajo. También meneo la cola ahora que no llevo falda. Adoro el atuendo de hoy con mi collar de plata y muñequeras y rodilleras del mismo material. El aro también de plata en mis genitales atenúa más mi erección. Tengo ganas de montar sobre sus canillas y tobillos, pero dudo que le apetesca ahora. Normalmente solo me deja hacerlo en público para divertir a sus amigos.

Y así pasamos la mañana. Pronto armozaremos, pero ahora disfruto recordando cada momento lamiendo hasta secarme mientras ella sigue con su iPad.

Y mis pensamientos vuelven a la fiesta, al club, al piso de su tía, a sus amigas, y sobre todo a como he lidiado con sus parejas.

Continuará….

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