El atraque

Su juguete XX

Llevo casi una semana en el apartamento de Zaida desde que Marina se mudó aquí. Al final mi dueña se va quedar aquí sola en los próximos días. Su tía se mudará pronto. Ese es el plan que poco a poco fui descubriendo. Le dejará su apartamento en alquiler ya que la tía Zaida piensa irse a vivir al pueblo con su nueva pareja. No estoy seguro cuando, pero día a día me ha utilizado para mover sus pertenencias.

El apartamento es pequeño pero acogedor. Estamos en la misma avenida de la playa, y cuenta con una terraza amplia con vistas al paseo. Esta se adjunta con una solana donde pusieron mi litera para dormir. En esa solana está todas mis cosas. El atuendo de la falda y la camiseta con las iniciales SLAVE para salir en público, la fusta, mis tres diferentes plug anales, las correas de paseo, y los diferentes adornos de mis genitales. En el salón puso el último regalo de Minerva. Y es allí donde estoy ahora guardado…

Unas barras de metal que simulan una mini portería de fútbol me sujeta de mis partes. Zaida recalcaba a diario que esa es la manera que debería estar cuando no dormía y no hiciera falta para cualquier mando. El hecho de verme suelto por su apartamento como un perro en celo le molestaba mucho. Marina aceptó con gracia esa manera de guardarme. Y al final convencida de mi aguante, lo hizo posible.

Mi rostro descansa en el suelo variando según el dolor de cuello. A veces mirando a la derecha y otras a la izquierda. Aunque la mayoría de las veces dejo mi frente contra el suelo. Los hombros al suelo y mis brazos estirados al suelo con las muñequeras atadas a las cortas cadenas que enlaza a mis tobilleras de metal. Cada muñeca enlazada a cada uno de mis tobillos separados a cada barra del cuadro. De rodillas y el culo en alza por la cadena que recorta el aro de la base de mis genitales hasta la parte alta del cuadrado. Minerva lo llamaba el atraque, y era la manera en la que guardaba a sus esclavos domésticos cuando salía de casa sin ellos. Las barras van fijadas al suelo con tornillos en la base redonda. Y fue el nuevo amante de Marina quien le hizo el favor de fijar el cuadrado al suelo del salón. Tras mía queda casi todo el salón y los sillones como gradas para ver el espectáculo. Y ahora estoy al lado del televisor encendido con las noticias de las mañanas.

Estoy a solas con su tía, ya que Marina está trabajando. Puedo escucharla en la cocina recogiendo los resto del desayuno. Pero yo atado así apenas puedo moverme. Claro, esa es la idea… Zaida quiere que esté así mientras no haga falta para limpiar o ayudarla a recoger sus cosas para la futura mudanza. Lo cierto es que bajo este control siento una sensación que me excita. Ahora mismo estoy luciendo una erección con la presión del aro. La cadena no solo me deja el culo en alza, sino que mi sexo se atrae tras mía para más expectación para quien quiera tocarlo. Esto es lo que me excita a parte del control. En toda la mañana desde que me ató aquí no sentía más que el aire, y tenía siempre la esperanza de que tanto Marina como su tía me tocaran.

Los olores del suelo recién limpio me tiene congestionado. Muy temprano antes de atarme aquí, Zaida me llevaba de la cadena de mis partes por toda casa. Yo tenía que andar de pies y manos empujando el cubo de agua y lejía mientras pasaba el paño por donde me ordenaba. Cada error era una palmada en mis testículos como castigo. Y a base de ello limpié sus suelos después de que Mariana se fuera a trabajar. Por eso sigo bañado en sudor y aún siento el calor de las nalgadas y mis testículos al rojo vivo. Pero a pesar de ello, la sed, y el hambre, sigo con una erección retraído hacia atrás por el tiro de la cadena.

Los pasos en chanclas de Zaida me alerta de su llegada… La siento tras mía y dice…

“Que mierda!, olvidé poner el plato.” Siento que aprieta mis testículos y reprende… “Mira como me estás dejando el piso!… Estás babeando tu porquería!” Plas! Plas! Me da dos nalgadas con fuerza.

Entonces vuelve a la cocina y trae un plato para dejarlo bajo mis muslos. Allí, justo debajo del pene sujeto a la traba, lo deja para que las gotas seminales caigan sobre el plato. Luego se retira y la oigo caer sobre el sillón.

Zaida es una mujer de 50 años que se resiste a envejecer. Es atlética, delgada y fuerte. Algo mas morena de piel que Marina, luce un castaño con rubios del sol y salitre. Pues aún se dedica al surf con las olas en la playa. Puede que en su cara se note mas las arrugas, pero su cuerpo es duro y luce una silueta tan firme como una estatua de piedra lisa. Con ella mi lengua solo ha lamido sus pies en algunas ocasiones. Casi siempre después de que viene de correr por la avenida lamo sus pies para relajarla. Los pies de Zaida son muy parecidos a los de mi dueña, solo que saben diferentes. Para ambas me gusta lamer sus plantas, de hecho me excito cuando lo hago. Y hoy sufro por no poder ver sus pies en esas zapatillas de andar por casa. Se que está sentada en el sillón y seguro que dejó caer las zapatillas ya que oí el deslice en el suelo. Puede que haya subido sus pies sobre el sillón, no lo se. Pero noto que cambia los canales de TV.

Antes de que Marina saliera había oído que iba venir por casa alguien mas de la familia. No sabía quien con exactitud ya que apenas pude oírlas bien. Quería saber si por la tarde o por la mañana con la ausencia de mi dueña, pero no lo escuché bien del todo. Se que Zaida nombró a una hermana como Marlena y otra sobrina que no recuerdo el nombre. No era la madre de Marina, pero podría ser otra persona que podría venir. No lo se…

Un rato del que me preocupo pensando en ello, y mi pene se retrae a medias. Esto hace que la baba seminal quede como un hilo conectado hasta el plato. Siempre me pasa cuando pierdo algo de erección.

RING

Suena el timbre!

Zaida apaga la televisión y va al comunicador a preguntar quien es. Unas risas responden y Zaida las reconoce apretando el botón que abre el portal de la calle. Entonces veo que corre a su habitación y vuelve con unos pantalones cortos puestos. Se abrocha mejor la camisa que casi dejaba ver sus pechos, y va hasta la puerta a pasos descalzos.

“Mi guapa Marlena!” Aclama Zaida y se besan. “Pero que guapa también mi sobrina!” Vuelve aclamar y oigo mas besos en cachetes.

Una de las dos visita debe de llevar tacones altos, ya que se hacen eco en el suelo. Ladeo mi cara al lado izquierdo para intentar ver quienes son, pero solo veo unas botas con algo de plataforma y tacones altos y afilados. Tiene que ser de Marlena que no es la primera vez que la veo. Su vos fuerte y alegre es reconocible… Me ve atracado en el salón y no se sorprende.

Hay otros pares de pies en flats negros que deben ser de la que Zaida nombró como sobrina. Supongo que la hija de Marlene que nunca he visto. Lo mas seguro que ella si me habrá visto en muchas fotos.

“Este es la mascota humana de Marina?” Pregunta una voz casi adolescente.

Marlene se ríe…. Parece pensar y cuestionar el como me han dejado así. Zaida lo deja claro e incluso invita a la que nombra como Yurena, a acercarse al atraque de esclavo. Yurena no solo no duda, lo primero que hace al llegar es darme una nalgada. Su nalgada en broma corta el hilo seminal de mi glande, y este cae como una estela sobre el plato.

La vulnerabilidad me excita y respiro con dificultad. Marlena pasa por delante y deja su bota cerca de mi rostro. Levanto la frente del suelo como puedo y beso la puntera brillante. Se ven que son nuevas y su olor a cuero me embriaga. Ella solo me deja saludarla y se aleja.

“Menos mal que le has puesto un plato!” Dice riendo Marlena que ya la noto tras mía. Mientras, Zaida excusa su función señalando el plato con líquido pre-seminal.

Yurena pasa por delante…. Muevo mi cabeza en busca de ver sus piernas. Y veo una bailarinas o flats que cubren unos pies color almendra con flores tatuados por los empines. No da lugar a que se los bese, esas piernas en jeans ajustados da la vuelta y vuelve tras mía. Yurena pasó de largo el ritual del saludo atraída por las explicaciones de su tía que ahora agarra mi miembro y lo sacude para separar otra estela de baba seminal de mi glande.

“Marina lo tiene muchos días casto. Desde que lo guardamos en el atraque ha perdido mas oportunidades de aliviarse…” Entonces Yurena riendo interrumpe a su tía… “Ah, jaja.. Ya me ha contado mamá, que alguna ves se ha montado en su pierna!”. Marlene ríe y dice… “Ah si, te acuerdas?” Zaida que recuerda aquella visita y ríen en complicidad con su hermana.

Después de soltarme el miembro, siento el toque de una ligera patada en mi pene de las botas de Marlene. Luego una nalgada de manos de la joven Yurena que parece que quiere coger mi miembro, pero no se atreve aún. Entonces ve a su izquierda sobre un mueble dos figuras metálicas con cadenas…

“Y esas dos cadenas para que son, Tía?”

Zaida coge una con forma de garfio con una esfera en la punta y dice…

“Este es para guardar al esclavo al atraque de forma anal. Son cosas de la amiga de Marina, esta… ah si, una tal Minerva que casi que dirige un club de Ginarquía o Femdom en Santa Brígida. Tiene un montón de cosas para el esclavo por aquí…”

Deja el garfio y coge el anillo con una cadena. Es un anillo del cual aparentemente te cabría el dedo gordo muy justo. Y sigue hablando…

” Este es un broche para las base de los testículos. Ahora sería imposible ponérselo…” Siento sus dedos rodar mis bolas de la bolsa escrotal…

“Para ponérselo hay drenarlo antes. Luego meter cada testículo uno a uno y estirar la piel del saco para que el anillo quede en la base” Explica sopesando mis bolas.

“Me ha dicho mi sobrina que con esto puesto no podría eyacular… Bueno, en realidad es lo que le ha dicho Minerva. Lo cierto es que no se lo hemos puesto aún. No se, sinceramente no creo que esto le entre.”

Yurena asombrada toma el anillo y lo mira de cerca. “Como es posible!” Exclama viendo el diámetro tan reducido. Entonces se anima a sopesar mis testículos agachándose en cuclillas como su tía. Puedo sentir tras mía el aire de la respiración de ambas rebotando en mi nalga. Mi pene se crispa como si tuviera vida propia. Unas manos mas joven acarician la piel escrotal. Las siento lisas y no tan ásperas como las manos de Zaida. Esas manos consiguen que me llegue un choque eléctrico y me retraiga de cosquillas. Son caricias tímidas que erizan la piel.

“A parte de huevón, moradas!. Este pobre necesita un alivio.” Dice Yurena acariciando el tallo y trayéndolo hacia ella.

“Si le sigues tocando así acabará llenando el plato” Dice riendo su madre.

Entonces Yurena lo suelta, y mi pene golpea mi vientre como si fuera catapultada. Zaida se levanta y decide terminar con mi atención… “Vamos a dejarlo así. Ya Marina se encargará de él si quiere. Que tal si se sientan y les preparo café?”  Dice Zaida al momento que Yurena la sigue y se pone en pié.

“No, querida… Que tal si te vistes y sales con nosotras a la cafetería de la avenida? En realidad venimos a buscarte. Dice riendo Marlena.

Zaida que se sacude el pelo pensativa…  Dice.. “Esta bien, me pongo algo decente y salimos.” Aplaude Yurena la afirmación. Y añade… “Nos llevamos al esclavo?, Se que Marina lo ha sacado al público.”

“Noooo, no, ni hablar. Eso ya no va con migo. Una cosa es aceptarlo aquí como tal para utilizarlo para mi provecho. Pero otra es dar a mostrar a desconocidos mi tolerancia para estas cosas.” Niega rotundamente Zaida.

“A mi la verdad que me da cosa tenerlo arrodillado a mi lado y en público con esa falda y camiseta que ahora le ha dado a su dueña por llevarlo así por la calle.” Dice Marlene.

“Buah!, pues si un día lo saca así Marina, que me llame. Intentaré quedar con mi prima.” Dice Yurena y se ríe.

Zaida se va a su habitación a cambiarse, y Marlene que quiere seguir la conversación la sigue. Yurena no, ella sigue tras mía. Unas pataditas se siente en mis bolas. La piel de mis huevos contacta con el cuero de sus flats. Gimo y gimo casi adrede para seguir llamando su atención. Y tanto así que consigo que se ponga de nuevo en cuclillas. Ladeo mis nalgas y la incito a tocarme con sus manos. No lo duda y la siento apretar mis testículos. Sus dedos suaves moldean toda su forma y estira la piel de vez en cuando. Entonces otra manos toma el falo que golpeaba mi vientre, y lo atrae hacia ella. Su puño lo envuelve y esta vez gimo con agonía. Atrapado en su puño parece que quisiera medir su dureza o tomarme el pulso. El caso es que con tan solo un par de movimientos de bombeos derramo una estela pegajosa. Ellas baja el puño y sus dedos indice y pulgar toman el inicio del glande. Un espasmo hace que anime a mover las caderas y con tan solo eso, solo eso, y nada mas que eso…. Exploto todo mi semen contenido en el canal de mi miembro por las excitaciones contenidas desde que desperté. Grandes chorros que se hacen audibles a golpear el plato. Yurena se ve sorprendida y quita la mano a tiempo.

“Shhhhh shhhhh!” Me manda a callar mis gemidos. No quiere que su tía y su madre se entere del accidente. Nada mas sentirlas salir de la habitación, Yurena se pone de pie secándose la manos en sus jeans.

“Espera, voy a dejarle el cuenco del desayuno del esclavo” Dice Zaida que se adentra a la cocina con Marlene. Yurena las sigue en silencio.

Yo agotado del orgasmo mantengo el silencio por orden de quien me liberó tanta tensión sexual. Agradecido disimulo mi placer. Entonces aparece Zaida con mi cuenco delante mía y lo deja a mi alcance. Por suerte pasó de largo y no vio el plato. Marlene y Yurena están en la puerta esperando. Zaida no tarde en reunirse con ellas y hasta que no escucho abrirse y cerrarse la puerta…

Ufffff. Ahora si puedo respirar aliviado. Se fueron y Zaida  no se dio cuenta. Delante mía… Agua y cereales.

Continuará….

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