Nuevo Día

Me arrodillé desnudo frente a su silla favorita. Mis manos se doblaron en mi regazo y mis ojos contemplaron un punto a quince centímetros por delante de mis rodillas. Esperando…

No podría decir cuánto tiempo estuve allí sentado, ¿una hora?, ¿dos? No importaba… Esperaría hasta que me llamaran.

Oí los sonidos reveladores de su movimiento en la casa… Un crujido en el rellano, un armario cerrándose en la cocina, y finalmente, unos pasos que se acercaban desde atrás.

Me tomó un esfuerzo por toda mi disciplina no girar la cabeza, y llenar mis ojos de quien estaba tan familiarizado. No me había permitido contemplarla bien en diez días. Ansiaba mirar el rostro que amaba, ver lo que suponía, o quería pensar como una sonrisa deslizarse de su rostro como si estuviera tratando de mantenerlo alejado de la luz de los ventanales. Quería ver sus ojos de cristal mirar hacia abajo, mirando a su mascota humana. Deseaba ver su ánimo. Si que lo deseaba…

Esperé mientras escuchaba su pasos a un pelo de mí… Podía sentir la tela de sus jeans rozándome la piel mientras se movía para sentarse en su sillón. El parche del suelo en el que mis ojos habían estado fijos se llenó de repente con la única parte de su cuerpo que me permitió ver casi por accidente. Llevaba puesto un par de vans sin caña y planos cuales tenía desde antes de que nos viéramos hace cuatro años. Ellos habían sido amados por mi y dañados por el tiempo y el clima.

Escuché que dejó algo por un ruido metálico… El susurro de un libro abierto… Y ella cruzó sus tobillos, ignorando mi presencia.

Repasé los puntos de sus vans notando los patrones de desgaste. Estudié una mancha de barro en la blanca puntera de goma…. Me entretuve allí un rato hasta que la escuché hablar…

“Tengo los pies demasiado cansados Puppy. Quítame los zapatos!”.

Su voz cortó el silencio electrificando cada nervio en mi cuerpo. Abrí la boca para decir algo, pero ella me interrumpió la intención…

“Los buenos cachorros no ladran”.

Dijo con un tono amenazante. Quería seguir con el silencio de daba paz en su apartamento.

Cerré mi boca y con un pequeño movimiento de cabeza asentí. Me incliné para desatarle los cordones. Cuando saqué su zapato izquierdo, supe que ella no había usado calcetines. Podía oler su sudor y sentir el calor que irradiaba su delicado arco. De su viejo vans respiré profundamente el aroma de años. Toqué el barro apelmazado como el que toca un lienzo de arte. Se mezclaba su sudor en el aire para consumir mis sentidos. Exhalé sintiéndome mareado, casi drogado. El mundo parecía un poco más brillante, y los bordes de mi visión un poco confusos. Mi erección mas que visible!

“¡Guau Puppy, parece que te estás poniendo!. Realmente debes amar cómo huelen mis pies”.

Asentí débil. Mis ojos comenzaban a subir por sus pantorrillas y antes de que me atrapara, los arrojé de vuelta a su pie.

“Puppy cuidado!. Te he atrapado en el momento. No olvides tu lugar. Ahora quítame el otro zapato”.

Atendí su zapato derecho y guardé cuidadosamente el par junto a su silla. Cuando terminé, dijo…

“Has sido una buen perro en los últimos días. Entre llevarte del cuello, dormir a mis pies, comer tu plato de comida especial, y seguir tus entrenamientos especiales… Mmmm, has hecho todo lo que una mujer podría desear de su mascota. Por eso creo que mereces un regalo”.

Ella levantó su pie derecho y lo plantó firmemente en mi cara….

“Adelante. Sé cuánto le gusta a los perritos lamer los pies de su dueños”.

Fue todo el aliento que necesitaba. Besé, lamí y me froté la cara contra cada pulgada de su planta perfecta. La oí reír, y ella meneó los dedos de los pies contra mi frente. Entonces sentí la suavidad de su pie izquierdo contra mi pene. Un temblor recorrió mi espina dorsal mientras mi sangre corría hacia el sur. Mi boca se llenó del sabor salado de sus dedos del pie derecho, mi nariz se llenó con su aroma….

Pie4(1)

“Ahora Puppy voy a dejar que te frotes en el suelo mientras adoras mis pies. Pero solo si prometes silencio!. Puedes correrte contra el suelo mientras frotas tu carita y lames en mis pies. Pero no quiero oír ningún gemido!. ¿Puedes hacer eso, Puppy?”.

En respuesta pasé mi lengua entre los dedos de su pie derecho. Rápidamente me acosté boca abajo y ella estiró sus piernas delante mía. Con las piernas estiradas al suelo, las cruzó y un talón descansaba en el piso. Lentamente comencé a balancear mis caderas frotándome contra el piso y colocando mi cara cerca de sus pies.

Un gemido bajo casi escapó de mis labios. Casi… Ella tenía razón. No debería hacer ruido mientras lee. Fue mucho el esfuerzo. Una sacudida de placer se disparó a través de mí, y todos los pensamientos que no sean servirla, se fueron de mi.

“Sí, Puppy. Solo déjalo ir y en silencio. Deja que mis pies derritan tu cerebro. Deja que todo se te escape. Recuerda tus entrenamientos. No pienses”.

Me perdí en la sensación de sus dedos de los pies en mi boca, la fricción de su pie y el piso frío. Nada importaba ma que ser un buen perro y adorar los pies de mi dueña. Mi cuerpo sufrió un espasmo de placer, y mi mente se quedó en blanco. Escuché su voz como si estuviera lejos de allí…

“Así es. Derrama tu semen en el suelo, ya luego lo limpiarás. frótate por el suelo. Buen chico!. “

Y Miss Nefer dejó caer su espalda al cómodo respaldo y volvió abrir su libro. Un silencio delicioso y la lengua de su perro la relajaba mientras leía.

Un orgasmo mudo salió después de una hora adorando sus pies.

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. lukasses dice:

    IMPRESIONANTE, FANTÁSTICO, GENIAL.

    Le gusta a 1 persona

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